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sábado, 22 de marzo de 2014

32 AÑOS REINANDO BAJO EL NUMERO DE LA BESTIA


Todos tenemos muchas bandas favoritas, algunas que nos separan del resto y que nos unen con aquellos que honran una misma fuente de sonido. Inocuas discusiones sobre quien es más grande, más inmortal o mas imperecedero, noches de charla alrededor de unas cervezas, discutiendo sobre el mejor riff, solo o estribillo. Todo ello tan subjetivo como maravilloso, tan necesario como vital, tan enriquecedor como fortalecedor de un sentimiento de unión capaz de producir esa cosa tan maravillosa y mágica llamada música. Pocas cosas son incuestionables, y posiblemente, que hablar de heavy metal sin tener a Iron Maiden presente, sea casi imposible, que hablar de Maiden sin tener presente The Number of the beast, es tan complicado como intentar explicar un dogma de fé. Muchas son las bandas que han puesto música a mis dias, demasiadas las que se han convertido en necesarias, pero pocas las que me han marcado, en esos años en los que empiezas a descubrir el mundo e intentar comertelo de un solo bocado.


Y ahí estuvieron Iron Maiden, sus dobles guitarras, el bajo de Harris, los agudos de Dickinson, Eddie, y toda esa colección de grandes canciones. Tardes frente al viejo video tragandome entero el "Live after death", aprendiendome de memoria, cual oración religiosa, cada verso, cada estrofa, cada movimiento. Posters en la pared, camisetas, parches en las chaquetas. Recortes de revistas en la carpeta del instituto, discusiones con los colegas sobre el nuevo disco, soñando con ir a Donnington en el 88, conociendo lo que habia trás el telón de acero con Behind the Iron Curtain, buscando asesinos en la calle Morgue, persiguiendo al séptimo hijo de un séptimo hijo, esperando que llegasen los dos minutos anteriores a la media noche o imaginando como seria la soledad del corredor de fondo, todo ello, viviendo la vida, bocado a bocado, a ritmo de la música de Maiden.


Y por encima de todos, el número de la bestia, el disco de los éxitos, de las presentaciones y las despedidas, de la grandeza y el respeto. La grabación que diria hola a Bruce Dickinson y que diria adiós al malogrado Clive Burr. La máxima expresión de un heavy metal, que no queria ser el hijo de un dios menor, que estaba predestinado a conocer su momento de gloria, a convertirse en un himno urbano, a llenar estadios y pabellones, de aquellos a los que el logo de una camiseta, era como una señal para una hermandad, no escrita en ningún libro, pero implícita en una forma de ser, una forma de vivir. El número de la bestia, un estandarte, una bandera, una biblia de ocho capítulos, a la que honrar, pase el tiempo que pase, vivas lo que vivas, cambies lo que cambies.

El número de la bestia, más que una maldición, un grito de libertad, de furia, de esperanza. Un paso adelante, a sentirte orgulloso de lo que eres, de lo que quisieras ser, siempre al ritmo de unas guitarras, de un bajo, de una bateria. Da igual lo que digan los números, la historia. No importa lo que vendiese, que metiese singles en los charts, que fuese un viaje sin mirar atrás. Que importa, que algunos intransigentes, viesen en una oda a la imaginación, un canto al maligno. Quien necesita a los que sueltan risitas al escuchar el nombre de la banda, a los que buscan la autenticidad criticando a quienes se dejan el pellejo en el escenario y en el estudio de grabación, como dirian Angeles del Infierno, maldito sea su nombre. Quien necesita nada de eso, cuando comienza a sonar "Invaders".


Que sentido tiene todo lo aprendido, si no recuerdo, que lo fuí asimilando mientras sonaban "Children of the damned" o "The prisoner". Si me fuí haciendo un hombre, dandome puñetazos con el pasado, presente y futuro, con "22 Acacia Avenue" y "The number of the beast" tronando en mis oidos. Si con todo lo aprendido, olvidado, perdido y ganado, aún me sigo sintiendo aquel chaval, cuando los altavoces escupen "Run to the hills", "Gangalnd" o "Hallowed be thy name". La vida es un album lleno de recortes, buenos y malos, pero a fin de cuenta, todos tuyos. Mientras siga recorriendo este camino a las colinas, y añadiendo estampas a mis vivencias, todas ellas rociadas con canciones de otros muchos, que han sido, son y serán importantes en mi vida, jamás olvidaré a Maiden, jamás dejare de lado el número de la bestia. 32 años lleva con nosotros, y es inmortal, porque cada vez que alguien puse el play, que cualquiera en cualquier lugar, lo descubra por primera vez, volverá a renacer. Up the Iron.

1 comentario:

Orlando dijo...

Joder , 32 años , Maiden 4ever .

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