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domingo, 2 de noviembre de 2014

PAALM- MIKAEL AKERFELDT: OPETH, EL LARGO CAMINO DE ORCHID A PALE COMMUNION


En esta nueva andanada de PAALM, el círculo debe cerrarse, con músicos que se vean envueltos en discos que recurran a mundos totalmente diferentes entre sí. Esta vez,  Pupilo Dilatado ha decidido que sean los vocalistas los protagonistas de la semana, poniendo como claro ejemplo, a alguien tan ecléctico, como a la vez maravilloso y demencial, como Mike Patton. Andaba dándole vueltas a la cabeza, porque hay mucho donde elegir, cantantes cuyas voces no han dudado en enfrentarse a registros diferentes, opuestos e inclusos prohibitivos en teoría, para los fans de su matriz. Todo cambio radical, aunque sea un simple paseo por el lado opuesto de la ciudad, entraña el peligro de la incomprensión, y eso es algo, a lo que todos y cada uno, si no queremos establecernos en una peligrosa rutina, nos tenemos que enfrentar alguna vez en la vida.
Calculaba cual sería mi objetivo, cuando pensé, ¿y si dicha circunstancia se podía dar dentro de una misma banda?. Cuantos grupos se han embarcado en sus navíos dispuestos a descubrir nuevas orillas donde sentir que su ansias de expansión, bien sean creativas o comerciales, puedan encontrar rienda suelta. Que difícil es encaminar tus cañones hacia el objetivo de una nueva conquista, y que aquellos que se queden esperando en puerto, comprendan tus ansias aventureras. Pocos son a veces los que se atreven a embarcarse en una nueva historia donde acompañar, a aquel al que un día, decidieron creer con fe ciega. Y muchas veces, en la ansiada nueva orilla, no siempre encuentras nuevos adeptos capaces de abrir sus mentes a la realidad que ahora le decides ofrecer. Así es la vida, nos guste o no.


El caso de Opeth es un claro ejemplo de todo lo que intentaba contaros más arriba. Muchos de sus viejos fans se han quedado en el camino, y sin embargo, muchos otros se han adentrado en los terrenos de sus nuevos sonidos. Otros como yo, no tuvimos reparos en embarcarnos en su nave, y cruzar los mares a su lado durante todos estos años. Hay quien afirma, y posiblemente, razón no les falta, que los Opeth de antaño eran una banda especial, diferente, únicos, y ahora, son uno más del espectro del rock progresivo. Otros, ahuyentados por la oscuridad que emanaba de sus anteriores letanías, no dudan en postrarse ante su nueva etapa, fascinados por la claridad del día, que ha entrado por las ventanas compositivas de la banda.

Es cierto que entre "Orchid"y "Pale Communion", han pasado 19 años, que son muchos días y noches, en los que la vida va girando y enriqueciéndonos, a la vez que mostrandonos sus miserias, para recordarnos que casi nada es eterno. Muchos pasos dados por la banda de Mikael Akerfeldt, que han ido cimentando una carrera, que si la sigues en cada una de sus estaciones, te das cuenta, como la han ido construyendo paso a paso, con una sapiencia digna de aquellos que saben lo que se traen entre manos. "Orchid" es el reflejo de una época oscura, pero no excenta de creatividad y genialidad. Canciones largas y complicadas, más allá del simple reflejo de un riff, donde la guturalidad de la voz de Mikael, hacía gala de esa oscuridad intrínseca, que poseían las musas, que en esos tiempos, acariciaban sus composiciones.


Escuchar con plena facultad sensitiva, dos canciones como “Under the Weeping Moon” o “The Twilight Is My Robe”, donde a la oscuridad manifiesta de la voz de Mikael, se abren pequeñas vidrieras de luz cristalina, en forma de voz limpia, que dan clara muestra, de que en unos tiempos, en los que el metal, buscaba la vía de la penumbra, ellos tenían presente esa bifurcación tan real de la propia vida. "Orchid", diecinueve años después, sigue pasando perfectamente el sumario de un juez tan sumarísimo como es el paso del tiempo.



Opeth han dejado atrás ese lastre de ser el pez grande de una pecera pequeña, de ser la sensación del mundo del metal, para ver correr su nombre de boca en boca, y aparecer en las publicaciones y festivales más importantes. A muchos no les importa su pasado (y presente, porque nunca han renegado de él) metálico, para adoptarlos entre sus grandes, sobre todo, muchos adeptos al rock progresivo. Opeth, han abierto su música a la influencia de Deep Purple y Uriah Heep, para que la constancia hard rockera, siga siendo la esencia fundamental, pero además, en el caldero mágico de la composición, en la que nuevas musas, que sustituyen a aquellas primerizas, cocinan sus hechizos en forma de canciones, han rescatado recetas de viejos sonidos de clásicos que cimentaron la historia del prog.


"Pale communion" es el siguiente paso dentro del camino de baldosas amarillas seguido por la banda. En la voz de Mikael, ya no aparecen nostálgicos recuerdos de trazas guturales. Su voz se ha convertido en cristalina, como capitán de un buque lleno de arriesgados cambios de ritmos y desafiantes desarrollos musicales. A muchos no les han convencido la nueva formula, se nota en los comentarios, incluso despectivos o minimizando los efectos, pero bueno, los gustos de cada uno son los que se aparecen en el momento de escuchar una canción, y en esto, afortunadamente, no existen las verdades absolutas, por mucho, que algunos se empeñen en ello. "Pale Communion", es la continuación lógica de "Heritage", evidentemente, si ese factor sorpresa que aquel contenía, con aquel paso decisivo por encima de cualquier frontera que los atase al pasado.


En Opeth, los 90 han dejado paso a los 70, en un delicado viaje sonoro, donde no se ocultan las cartas que se juegan. Pero ello no implica, que no por ello, hayan dejado de ser a su vez actuales, y tal vez, la implicación en la banda de alguien como Steve Wilson, sea una clara muestra y guia de dicho paso. Enfrentando la voz de Mikael Akerfeldt, con diecinueve años de diferencia, entre "Orchid" y "Communion", soy incapaz de elegir un ganador, porque hoy después de haber escuchado ambos discos seguidos, la única conclusión, es que quiero seguir bañándome en la discografía de la banda.

5 comentarios:

bernardo de andres herrero dijo...

No se porque pero me daba que iba asalir. Hasta lo pense para mi pero mis conocimientos de Opeth son de un timpo a esta parte pues su parte metlhead no me va lo suficiente. La verdad es que el cambio lento pero seguro es de aupa. Lo bueno es que creo que han consiguiendo mas seguidores cone llo y no creo que hayan perdido fans pese a ello

Vinny Gonzo dijo...

A mí como si el muchacho se pone a hacer reggaeton, que me va a parecer una puta pasada (bueno, igual no, pero ya me entiendes).

Sí que es cierto que a día de hoy suenan un poco a "otro grupo de rock progresivo" pero siguen siendo Opeth y siguen conservando ese algo que hacía especiales su música. El mismo que al principio los diferenciaba del resto del black metal (mucho más, claro está) está también presente ahora.

Genial vuelta de tuerca Norty!!

PUPILO DILATADO dijo...

Me gusta más la nueva 'vieja' piel de Akerfeldt que la de "Orchid", lo cierto es que el death/doom nunca me entraron demasiado y, a pesar de que he escuchado la totalidad de los dos temas que cuelgas, esa guturalidad me hecha para atrás (que no la música). En cualquier caso, una propuesta perfecta (quizás la más radi'k'al) para mostrar esa dualidad vocal que os proponía para esta semana.

Muy buen post, de contrastes y evolución, no se puede pedir más.

Forrest Gump dijo...

Tambien me gusta muchisimo mas el nuevo enfoque de Opeth y Akerfeldt...mas mi rollo que los primeros discos, aunque no tienen disco malo!
A+

Anónimo dijo...

Personalmente prefiero la época antigua, y pude disfrutarlos un par de veces con su "formación clásica" cuando vivía en Londres, incluyendo el concierto que grabaron como "Lamentations". Pero también me gusta lo que hacen ahora, y creo que "Pale Communion" es mejor que "Heritage".
Ahora que vivo en el culo del mundo va a ser más difícil que los vuelva a ver en directo, aunque tengo curiosidad por saber qué proporcion de temas "clásicos" tocan en sus conciertos.

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