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lunes, 22 de diciembre de 2014

DAVID BOWIE - HUNKY DORY


Nunca he sido enemigo acérrimo de la televisión, y si la veo poco es más por desidia que por falta de interés. Está claro, que tanto el vhs en su día, como el dvd desde hace ya bastante tiempo (aún no he llegado a los tiempos del Blu Ray, posiblemente cuando lo haga, estará ya obsoleto o camino de ello), me han salvado más de una situación, en la que la programación era algo que me producía ganas de escapar del sofá. Ahora, que tengo contratados un buen número de canales, disfruto de pelis antiguas que degusto una y otra vez, y de algunos canales dedicados a las series. Hace poco os comentaba que andaba al día con American Horror Story Freak Show, que dicho sea de paso, a la vez que aumenta el número de capítulos de la temporada, va decreciendo mi interés, pero claro, Jessica Lange, es una de las muchas musas de este blog, y siempre tiene un lugar reservado en mi atención, para su presencia.


En el primero capítulo de la temporada actual, la Lange, se marcaba un majestuoso "Life on Mars?" que ha conseguido tenerme días y días canturreando el estribillo de la canción una y otra vez, de manera casi maniática e inconsciente. Tanto, que el otro día pasé por la biblioteca municipal, y no dudé en agenciarme "Amando al extraterrestre" de Christopher Sandford y acompañando su lectura con la música de Bowie, uno de esos tipos que dejaron la normalidad de lado, incluso antes de ser consciente de que su camino en las estrellas, era diferente al de la mayoría de mortales, que no ha dudado en jugar con su sexualidad, su fragilidad o su despotismo, tanto como arma de alcance o como simple muestra de una personalidad, tan compleja como fantasiosa a partes iguales, que ha ido construyendo su realidad a base de talento y deseos.


Pero si todos los caminos conducen a Roma, los mios con Bowie, en estos tiempos, concurren en "Hunky dory", su cuarto disco, con un Mick Ronson a su lado, que siempre ha sido parte más que importante de aquellos días, aunque la gloria haya ido mayoritariamente del mismo lado. Corría el año 71, y tras el sonido más hard rockero de "The Man Who Sold The World”, se tornaba a melodías más cercanas al pop, lleno de grandes melodías y de esa dualidad de dulzura y tristeza que ha dominado la personalidad del británico, desde que no era más que un caprichoso niño que veía reflejado los diablos de su personalidad en la de sus padres, ambos tan diferentes como el día y la noche, y cuya flujo se unió en un imposible híbrido en David Bowie.

Un disco repleto de clásicos ante el que es complicado no rendirse, sobre todo si la apertura es a cargo de "Changes" y su maravilloso estribillo, a la que sigue otra de las joyas de la discografía de Bowie, al menos para mi, la vitalista "Oh! you pretty things" con ese juego de voces en el estribillo, que allana el camino a "Eight line poem", con su lento caminar y esa maravillosa guitarra de Ronson. Llega la protagonista obsesiva de estos últimos días, "Life on mars?" con esa estupenda melodía y ese aire de diva cabaretera que también forma parte de la personalidad de Bowie y que te invita a tomar la puerta de salida hacía ese mundo en el que quieras soñar a ser el protagonista de la historia.


"Kooks" deja paso al padre que canta a su hijo Zowie. Las acústicas de "Quicksand", con un enigmático y reflexivo Bowie, abren la puerta a la versión de "Fill your heart" repleta de teatralidad, como esa niñez y adolescencia contada por si misma y adornada a su antojo. De nuevo esas fantásticas acústicas dan vida a "Andy Warhol", trasluciendo la faceta más folk del británico. Y siguiendo el camino de las reivindicaciones, Bowie cambia su pasaporte para convertirse en "Song for Bob Dylan", postrando durante unos minutos su talento al de Mr. Zimmerman. Y saltamos ahora a la Velvet Underground, cuyo crudeza aparece junto a los riffs de "Queen bitch", donde aparece ese arrebato rockero que también atesora.

"The Bewlay brothers" es la encargada de cerrar el disco, canción que siempre ha resultado enigmática para los fans de Bowie,y que se presta a muchas interpretaciones, camaleónica como el propio protagonista de la historia contada en su voz. "Hunky Dory" se ha ido valorando más y más con el paso del tiempo, que  le ha otorgado ese broche de oro que significa permanecer en la memoria de la gente y no caer al pozo del olvido. Poco se puede contar de David Bowie a estás alturas, lo mejor es recrearse en su obra. Por cierto, mientras termino de escribir esto, me entero del fallecimiento de Joe Cocker, otra voz que se marcha de este mundo, pero nos deja su legado en forma de canciones.


3 comentarios:

bernardo de andres herrero dijo...

Mi Lp favorito del Duque. Y CHANGES es mi canción favorita

Alex Palahniuk dijo...

Joder, has puesto, precisamente, mi disco menos favorito de Bowie de los setenta. ¿Qué quieres que te diga? Hay canciones geniales, como la que le dedicó a un Dylan que lo despreciaba o la fabulosa Changes, pero estaba demasiado tierno aquí: lo mejor vendría después.

Te invito a que te pases por mi espacio y me comentes sobre cuál es, para ti, el músico de Rock más grande del Rock y participes en el debate, Carlos. Un abrazo para ti y un beso para ti y tus niños.

dregenwar dijo...

grande Bowie

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