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viernes, 23 de enero de 2015

WHIPLASH DE DAMIEN CHAZELLE



Tengo que reconocer que muchas veces me inhibo cuando me intereso por una película, y veo que todo el mundo habla de ella. Al adquirir ese protagonismo mediático, ahora al alcance de todos, gracias a blogs y redes sociales, la tormenta de opiniones, a veces puede llegar a bloquearme, incluso a quitarme las ganas, aunque todas las miradas apunten hacía el buen camino. Y no es que no respete las opiniones de la gente, de algunos de manera casi sagrada, incluso para hacer lo contrario de lo que suelen decir siempre, porque no es que crea que no tienen criterio, simplemente conozco bien sus gustos y se que lo que a ellos les puede parecer blanco a mi negro, simplemente eso. Whiplash ha explotado como una bomba de neutrones, todos tenemos algo que decir, y antes de hacerme una idea preconcebida, decidí dar el paso y ser yo quien me enfrentase cara a cara con esta película del director norteamericano Damien Chazelle.


Las buenas críticas recibidas en el Festival de Sundance, tengo que decir, que me animan y mucho a enfrentarme a ciertas pelis. Sé que para muchos, Sundance se ha convertido en una especie de adalid de lo hipster, pero yo llevo bastante tiempo enganchado a su canal de TV, así que suelo prestar atención a lo que se cuece a su alrededor. Volviendo a Whiplash, para alguién como yo, su propuesta me parecía muy interesante, como todo lo que rodea a la música en el celuloide, dos de mis pasiones. La historia gira alrededor de Andrew Neiman, un joven batería de jazz obsesionado con ser uno de los grandes y dispuesto a todo y del profesor Terence Fletcher, un auténtico hijo de puta, capaz de hacer llorar a tíos como castillos, pero dispuesto a sacar lo mejor de cada uno. La tensa relación entre ambos, dejan momentos maravillosos, así como la lucha de Neiman, capaz de sacrificar todo lo que le rodea por conseguir su sueño, hasta límites insospechados, no dudando en dejarse, literalmente, la piel en ello.


La fuerza de la película, reside en ese duelo brutal entre Neiman (Milles Teller) y Fletcher (J.K. Simmons), que usan todas sus fuerzas para quedar uno por encima del otro. La película tiene escena memorables, como Neiman destrozando sus manos de tanto tocar hasta conseguir el tempo exigido por Fletcher, o una escena que me encanta, y que retrata la realidad de lo que muchos consideran la música en la actualidad, no más de un hobbie. Neiman junto a su padre, están en una cena familiar, en la que se alaba a uno de los presentes, por ser el mejor jugador de fútbol del instituto, mientras al batería se le trata con condescendencia, a pesar de ser el titular de la orquesta de la escuela de música más importante de N.Y.


No voy a entrar en detalles técnicos sobre planos cortos o fotografía, de eso entiendo más bien poco, ya quisiera. Lo mío es más visceral, me siento en la butaca, y si la película es capaz de transmitirme emociones y hacerme sentir durante su duración, ya tiene mi veredicto favorable y os aseguro, que Whiplash es de esas películas, que a todo aquel que me pregunte, le diré que es un peliculón. Ahora si que me voy a dedicar a leer, que dicen aquellos que si que entienden de cine.

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