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lunes, 4 de enero de 2016

UNCLE SLAM -Say uncle (1988)



Comenzar a escuchar heavy metal a mitad de los 80, como fue mi caso, supuso darte de frente, con las emociones que significaba aquel primer thrash, de riffs disparados y velocidad endiablada, que daba un paso adelante respecto al sonido de unos años antes. El thrash también acaparó la atención de buena parte de la gente del heavy, por el punk y principalmente por el hardcore, que reivindicaban grupos como Anthrax, que nombraban a Discharge o Inferno entre sus influencias, por poner un ejemplo. El abrir aquella puerta, fue gracias a bandas como Suicidal TendenciesD.R.I. o Amebix (aunque estos últimos eran más punk), que supieron fusionar en su música ambos mundos, en lo que se comenzó a llamar crossover, y que añadió nuevos seguidores dentro del metal, a estas bandas que venían del hardcore, aunque todo sea dicho, también les costó perder fans entre las huestes mas intransigentes  del hardcore


Pero no consiguen consolidar una formación estable, y Mayorga se larga, entrando en su lugar Bob Heathcote, que acabaría más tarde en Suicidal Tendencies, -y no acaba aquí la conexión entre ambas bandas-, a su vez, sustituido por Simon Oliver. Finalmente, fueron Todd, Amery Simon, quienes grabasen el disco. De todos modos, la maldición de la banda con los bajistas, es mítica, ya que en el 89, Oliver abandona el grupo, entrando en su lugar Angelo Espino, que permanecería hasta el regreso de Oliver en el 91,  quedando este como bajista hasta la disolución del grupo en el 95.

"Say uncle" son 35 minutos de puro crossover con una impresionante portada a cargo de Michael Seiff quien también había ilustrado para, si, habéis adivinado, Suicidal Tendencies.  12 canciones cuyo sonido se podría asociar al de esa bandas que tantas veces he nombrado ya, en esta reseña, y que se evidencia, por ejemplo en canciones como "Micro logic" o "The ugly dude", aunque en "Up from beneath", evidencian un sonido más oscuro, más propio del thrash europeo. Algo a destacar del disco, es el grandísimo trabajo de Todd Moyer, a la guitarra, inmenso durante toda la grabación. Un disco poderoso, intenso, característico de aquellos días, que quizás, no milite junto a las piedras angulares del género, pero si que no debe faltar en ninguna discografía.

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