domingo, 8 de octubre de 2017

SONGHOY BLUES - Music in exile

Soy un ser urbano, como cantaban Asfalto. Nací entre fronteras de acero y hormigón, es el lugar donde me siento bien. Necesita esa vida adulterada por los ritmos acelerados del día a día. Me gusta asomarme al balcón y observar el tránsito continuo que da vida a la calle. Aunque la ciudad huele mal, por incompetencia de nuestros gobernantes, por falta de civismo de los ciudadanos, me gusta perderme en los aromas que dan los buenos días a las calles asfaltadas y sus baches henchidos de rebeldía. Camino temprano hacia el trabajo y mis sentidos se despiertan espoleados por el olor a café recién hecho y pan tostado que escapa por las ventanas. Señal de vida, bombillas tempranas desafiando la última tiniebla del ocaso.  Me siento libre rodeado de edificios pero anhelo las historias que gran los vientos, por ello me asomo al mar e imagino mensajes cifrados procedentes de otras orillas, porque a veces los mismos sentimientos se sienten de manera diversa según las historias escritas en las paredes y las aceras de lugares distantes.



Me asomo al espigón junto al mar y oteo el horizonte, y si, me llegan historias de otros mares y lugares a través de mis auriculares, me llegan blues, que es música negra, pero no desde el Mississippi, sino de la más negra de las tierras, desde África. Reconozco que mi interés por la música de aquel maltratado continente despertó mi interés no hace demasiado. Fue un artículo de mi compañero y maestro en RTBM, Laurent Berger sobre Fela Kuti. Conocer su obra musical así como su vida, su lucha, su entrega me abrió camino hacia una tierra a la que nunca había dirigido mi atención con respecto a sus acordes. Ahora otro de mis compañeros en RTBM, Bernardo de Andrés me abre las puertas del blues del desierto de estos músicos con una historia de supervivencia detrás.

Songhoy Blues son de Mali, de la tribu Sanhay y decidieron emigrar hacia el sur de su país, hacia Bamako cuando los yihadistas se hicieron con el poder en el norte, donde ellos residían e impusieron su intolerancia. Como contaba uno de sus miembros, los intransigentes yihadistas impusieron la prohibición de beber, fumar y tocar música. Beber y fumar podría ser algo de lo que prescindir, ¿pero dejar de tocar?, jamás, con lo que se marcharon a la capital del país, donde dar forma a Songhoy Blues, con su mezcla de J.L. Hooker o Canned Heat y el folk autóctono, más la forma de entender el blues de gente como Black Keys. Abren "Music in exile", su disco debut de 2012, con "Soubour" fue la canción que les puso en la mirada atenta de Africa Express, que les dio la oportunidad de exportar su música. Imposible no rendirse al ritmo hipnótico de esta canción, no levantar tus manos y entregarte sin remisión a este blues africano. Tus pies cobran vida cuando suena "Irganda" con esa mezcla funk y tribal a partes iguales.

Atento al comienzo de "Al Hassidi Terei", esa guitarra y ese juego de voces, la profundidad del riff, enorme. Las guitarras suenan realmente bien durante todo el disco, cuando toman un protagonismo especial (que lo tienen durante toda la grabación) como con "Nick" que se convierte en un blues de carretera donde podemos imaginar a The Bear cambiando de continente y sus Canned Heat cruzando cualquiera de las áridas tierras africanas. Encontramos momentos más cercanos a la música africana como con "Wayei" donde reconocer la procedencia de estos grandes músicos. "Jolie" es otro de los grandes momentos de este disco, un cruce de caminos perfecto entre dos mundos opuestos, o quizás no tanto. En definitiva, un gran descubrimiento, una banda de la que he quedado prendado a la primera oída y que por cierto, estarán de gira por el país en noviembre.

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