miércoles, 10 de enero de 2018

VAN MORRISON -Versatile

No se si a vosotros os pasa, pero a mi las temperaturas me afectan al estado de ánimo, o al menos han comenzado a hacerlo de un tiempo a esta parte. ¿Me estaré haciendo mayor?, bah, de eso nada, simplemente el cuerpo y la mente funcionan como les da la gana. Llevo unos días en la que mis huesos sienten bastante el frío, posiblemente, no porque lo haga (que lo hace) sino porque al sur del sur parece que habíamos perdido la costumbre a que los termómetros marcasen numeraciones no propias de una primavera no excesivamente acentuada. Y ahora que los grados marcan la tendencia de ir descendiendo, yo he rescatado del armario prendas que ni recordaba ya tener. El calor empuja a las gentes a vivir en las calles, el frío parece que les anima a quedarse en casa. A mi me cuesta no salir, así que llevo un par de días que por h o por b, termino pateando aceras a primeras horas de la mañana, cuando el sol debe comenzar a calentar, y con las manos en los bolsillos paseo por calles vacías mientras la eterna imagen de los auriculares pegados a mis oídos, ponen banda sonora a este invierno que en cierto modo echaba de menos.


Si bien acabe el año tronando con melodías muy rockeras y metálicas, mira tu por donde, que el comienzo de este, al menos de momento, el cuerpo me pide otra cosa. Será por las temperaturas, o será porque a la vida jamás le puse límites de ninguna clase, así que con la música tampoco, que si la mente no es sabia será caprichosa, y yo  cruzo esquinas con Van Morrison y su acercamiento al swing como si me encontrase en un viejo salón de baile donde se le diese la bienvenida al invierno al ritmo de los acordes y las melodías de inmortales del jazz vocal del siglo pasado. Dicen que con la edad uno va rescatando historias vividas con sus padres, va cerrando un círculo, no se, jamás fui de andar dando vueltas, y en mi casa las historias musicales iban por otro lado, pero hoy me siento cercano al viejo león irlandés, tal vez, porque al sur del sur, muchas veces somos como los irlandeses, o quizás son ellos los que se nos emparentan en los gozos y miserias.

No pretenderéis que me ponga ahora a desgranar este disco, el 38 de su carrera, porque no creo que haga falta ni lo necesitéis. Pararse a escuchar a Van Morrison no necesita ninguna excusa, ningún aliciente, es un deber, una necesidad, una plegaria obligatoria a los dioses de la música, a los diablos del ritmo. Van Morrison con esa voz tan suya, y por suerte tan nuestra gracias a sus discos y sus canciones, se apodera y apropia de esos temas que tantas veces hemos escuchado por obra y gracia de las voces inmortales de gente como Chet Baker, Frank Sinatra, the Righteous Brothers, Tony Bennett y Nat King Cole, pero además el de Belfast mete seis canciones propias, para que nadie ose a decir que lo suyo es buscar en el cajón de lo fácil, en el baúl de la memoria sin ahondar en el fondo. Llego a casa, cuelgo mis ropajes de abrigo, dudo entre un té bien caliente o una cerveza fría, y mientras me lo juego a cara o cruz, subo el volumen y me dejo llevar con poca gracia por mi parte pero mucha magia guiándome desde los altavoces a disfrutar de lo que el azar decida.

3 comentarios:

CarlosBluesRos dijo...

Que estupenda entrada! Aqui, un poco mas al Norte, me identifico totalmente con lo que escrbes, con lo que siemtes y con lo q estas escuchando. El disco lo han puesto a parir y a mi, me ha encantado. Vamos, que junto el de Delbert Mcclinton, (si no lo has escuchado, no te lo puedes perder) me hace levitar por las calles frias en esta época.

Carlos Tizón dijo...

Me apunto el de Delbert

Tarquin Winot dijo...

Van Morrison es perfecto para el frío: derrite lo que le pongas por delante.

Gran Blog, enhorabuena.