COBRA KAI



Reconozco que cuando me topé frente a frente en Netflix con Cobra Kai, un escalofrío me recorrió la espina dorsal. ¿Una serie que varias décadas después, recupera el espíritu de Karate Kid?. ¿Quien ha sido el jodido genio?.  Lo reconozco. He practicado infinitas veces la patada de la grulla en la playa con los colegas en mis tiempos mozos. Y aún sigo diciendo aquello de “dar cera, pulir cera” a la mínima oportunidad. Cosas de haber crecido alquilando pelis en el videoclub, supongo. O de haber sido un adolescente a mitad/final de los ochenta. Así que no tenía ningún motivo para presentar resistencia. 


Que se retome la historia tantos años después, con un Johnny Lawrence convertido en un loser de manual, al que aquella final le marcó de por vida ya me parece un acierto total. Encima que beba cervezas sin parar y suenen bandas de hard ochenteras o el I want it all de Queen, que lleve camisetas de Metallica o Zebra (¡menuda puta maravilla!) me pone de su lado sin remisión. Pero ya el paso definitivo es un Daniel LaRusso convertido en un capullo integral - siempre lo supe - que al contrario de nuestro anti héroe, ha triunfado en la vida, consigue que solo me levante del sofá para atracar la nevera.

Dos temporadas en las que seguramente no sea esa serie que escribirá su nombre en los anales del género pero que con sus estética ochentera, su ritmo y su continuo tirar de añoranza, seguro que se va a agenciar un buen número de fans. ¡Coño, si hasta nombran pelis como Yo el Halcón o Aguilas de acero!. En definitiva, que estoy encantado de la vida con las desventuras de Johnny, el asco que le he pillado a LaRusso y las ganas que le tengo a John Kreese, que sigue siendo un maldito hijo de puta. Un fin de semana ha bastado para que vea las dos temporadas. Y para que rescate los discos de Zebra.

Comentarios