EL MANIFIESTO REDNECK Y ALGUNOS DISCOS PARA ACOMPAÑARLO


Ya he contado en alguna que otra ocasión, mi manía de adecuar la música que escucho al libro que esté leyendo como complemento de este. Bueno, si es la primera vez que te dejas caer por el blog, no lo sabrías, pero ya estás en situación. Ando con la vista pegada al Manifesto Redneck de Jim Goad y cuando tengo un rato para introducirme en sus páginas, el sonido americana, country rock o como queráis llamarlo junto a propuestas más ortodoxas del género, están sonando de manera habitual en casa. Reconozco enfrentar sensaciones encontradas con el libro de Goad. Lo mismo me encuentro pensando que abusa de un victimismo rociado de hipérbole que otras veces me sorprendo afirmando silenciosamente con la cabeza al leer alguna de sus afirmaciones. Y es que su reivindicación de un sector de población que sirve demasiadas veces como escarnio del clasismo - supuestamente - intelectual que algunos utilizan en detrimento de cuestiones sociales a las que deberían de prestar atención, no carece en más de una ocasión de una razón fundada aunque otras navegue en un populismo que ha desembocado en la llegada al poder de un personaje como Donald Trump. Goad a veces, demasiadas, se exhibe demasiado histriónico en su ataque visceral al sector progresista norteamericano, - y por ende al del resto del mundo - al que descubre sus excesivos posicionamientos post modernistas - “...los chicos blancos se quejan de la pérdida de empleo y de la explotación económica más que de las palabras malsonantes y los errores en la forma de vestir” -, dejando a las claras el alejamiento de este del movimiento obrero como principal razón de ser y sin olvidar despreciar también al espectro conservador, como también hacen galas populismos de derechas de otros puntos.


Es cierto que Goad mete el dedo en la llaga cuando afirma que “los únicos auténticos racistas son gente con poder para oprimir a otros de un modo sistemático” o “Aún en la fraternal década de los 90, los puestos de trabajo estadounidenses se saldaron con cerca de 15.000 cadáveres al año”. Pero otras, las más, trata de basar una supuesta lucha de clases en un victimismo desproporcionado que lleva a comprender como el calado en la población de este mensaje, llevó al triunfo de Trump en los States, Bolsonaro en Brasil o el aumento de ciertas propuestas en la vieja Europa. El Manifesto Redneck es un libro a leer con suficiente sentido crítico y sin intentar agazaparse en las trincheras ideológicas, sean cuales sean. Una vez dejado de lado el libro, voy con la música que ha acompañado la lectura, o al menos con los que más me han llamado la atención, y en este caso con uno que me ha provocado el sentido adverso. Escribe Goad en una de las páginas de su libro: " La música country es música de trauma con más bebida, drogas y asesinatos que todos los demás formatos de música popular juntos... Con todo su presunto espíritu reaccionario, las letras del country and western abordan las indignidades de la vida obrera muchísimo más que cualquier otro formato pop." Así que vamos allá con algunos discos que he ido escuchando a la par que leía el libro y que me han ido gustando de manera superlativa:

Sturgill Simpson - Cuttin' grass, Vol.1: The butcher shoppe sessions

La historia detrás de este disco no deja de ser curiosa y entrañable a la vez. Simpson prometió a sus fans que si se llegaba a cierta cantidad de donaciones a ciertas causas que propuso, tocaría en directo - streaming obviamente - y además habría disco nuevo. Dicho y hecho. Un puñado de canciones reinterpretadas, que entran entre las que más le gusta tocar de sus propias composiciones, con el aliciente añadido de poder escuchar composiciones de Sunday Valley, su primera banda para dar forma a este disco de bluegrass que se convierte en escucha obligada y de máximo disfrute. Simpson pega un sombrerazo y nos sirve en bandeja uno de esos discos que se convierte rápidamente en una no sólo excelente compañía, sino en un favorito del año entre los discos más enraizados en los aromas americanos.


Elliot Brood - Keeper

El trío de Ontario son un seguro de vida o al menos hasta el momento, pocas pegas se les puede poner a ninguno de sus discos, es más, solo son halagos los que acumulan en el puñado de años que llevan poniendo banda sonora a sus historias, a las nuestras. "Keeper" no se queda atrás ni mucho menos. Se muestra como un disco mucho más que correcto, en el que sin estridencias ni hipérboles no necesarias, va desgranando un puñado de canciones que se tornan como compañía perfecta. Seguramente el disco de Elliot Breed no se va a colar entre mis preferidos del año dentro de los sonidos americana, country rock, country... porque este 2020 de infausto paso por nuestras vidas, ha dejado discos que por una cosa u otra, vete tú a saber la razón - han conseguido instalarse con más presencia y fuerza dentro de esos discos que te llaman la atención hasta atraparte. Pero ojo, que eso no quita que este "Keeper" sea un señor disco de los pies a la cabeza.


Locash - Brothers 

A pesar de que este cuarto disco del dúo, se editó si no recuerdo mal en marzo del año pasado, lo he vuelto a poner estos días para que su ritmo marcase mi lectura. Enfundados y enmarcados dentro de la concepción más contemporánea del country, “Brothers” sabe cómo sacar cabeza buscando aire para sus pulmones dentro de un público que no tiene por que ser exclusivamente el que se interesa por estos tipos de sonido pero a la vez interpretan esa motivación épica de pertenencia que transmite el country. Un disco de esos estupendos para poner a buen volumen, acompañado de unas cervezas frías y  buena compañía, recuperando ese lado festivo y social del country y su sentimiento comunitario.

Black Stone Cherry - The human condition 

Los de Kentucky es una de esas bandas que les ha tocado lidiar con la maldición del disco debut. El magnífico trabajo que les presentó en sociedad - aunque pienso que “Folklore and superstition” también brilla a un nivel muy alto - ha sido un constante punto de comparación en cada lanzamiento, unido al continuo salto de estilos en cada disco, no siendo capaces de ofrecer una regularidad necesaria. Con “The human condition” vuelven de lleno al hard rock sureño, donde parecen sentirse más cómodos y en cierto mofo infalibles, por lo que he disfrutado en esta espero que definitivo regreso a la base de guitarras poderosas, como hilo conductor de esta nueva obra en la que no faltan esos medios tiempos de alta intensidad donde tanto brillan.


Margo Price - That’s how rumors get started

Reconozco que ha sido una pequeña decepción. Tal vez mis expectativas personales con el nuevo disco de la reina del alternative country eran muy altas, o me dejé contagiar por los cantos de sirena que precedieron a su salida. Me gusta que se haya metido de lleno en sonoridades más pop y hasta me parece estupendo la intención de reivindicar a los Fleetwood Mac más pomposos y no por ello menos maravillosos que la época de Peter Green. Pero me transmite una extraña e incómoda sensación de quiero y no puedo. Tal vez sea una opinión a contra viento, más en estos tiempos en los que parece que ciertas afirmaciones se convierten en sentencia firme, condenando la disidencia al epígrafe de la ignorancia. Lo siento y me fastidia, pero me declaro culpable y a la par, disidente.



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