COBRA CULT - Second gear


Nunca he sentido el paso del tiempo como un lastre. Mas bien como un cúmulo de circunstancias. Esa frontera para muchos infranqueable que se erige en algún momento de la vida impidiendo volver atrás, me he negado a que se haga presente en mi vida. El tratar de vivir como soy, no como debiese. Hacer oídos sordos a las suspicacias, a las incomprensiones de personas de las que nunca he pedido ni necesitado su comprensión. Por eso en muchas ocasiones me encuentro fuera de lugar, como cantaba Rosendo, lejos de vestir el uniforme. Aún así, soy consciente de las brechas generacionales. Le pongo cara con la adolescencia de mi hija. Quince años. Le voy pillando el tranquillo a la adolescencia ajena. Poco a poco, pero me va costando. Y eso que tal vez soy un padre un poco peculiar, inusual, quizás alejado de lo que debería ser, que poco me gusta esta jodida palabra, normal. Ese padre al que pregunta por animes o pelis de terror para ver. Pero ojo, que no pretendo ser su colega ni un padre molón. Los colegas son otros y para otros menesteres. Me enseñaron a pensar por mí mismo y tomar mis propias decisiones. Y que ello conlleva pagar las consecuencias. Eso trato de inculcar a mis hijos. A la adolescente. Y al que viene por detrás, aprendiendo más de la cuenta de los errores ajenos. Estoy convencido que las caídas son las que te enseñan en la vida. Por supuesto ahí estoy yo para que mi mano les ayude a levantarse las veces que haga falta y para poner mi cuerpo como red de seguridad si intuyo que el golpe puede ser más fuerte de la cuenta. El día que sea capaz de canalizar su rebeldía se dará cuenta de mi propósito. Como hice yo. Y aún hoy día, acariciando el medio siglo, sigo dándome cuenta de muchas cosas que no podía o quería entender.

¡Bendita adolescencia!. Tanto por descubrir. Cicatrices que parecen eternas cuando no son más que arañazos superficiales. Pero lo viviste como si te fuera la vida en ello. Y ahora lo veo con una disimulada sonrisa en mis labios y la templanza que te da la experiencia, sea lo que sea. Reconozco que en cierto modo me he negado a crecer. Esa sensación me alberga cuando me encuentro con compañeros de viaje, cuyo camino se separó del mío hace ya muchos años. Demasiados tal vez. Sueños y vicios mezclados de manera casi imperceptible. Ya no me acuerdo de mi adolescencia al menos con claridad. ¿Debería?. Muchos excesos, o tal vez los justos, que las balanzas son demasiado fácil de manipular y los recuerdos más aún. Evidentemente, hay cosas de las que no diré que me arrepiento, pero si que seguramente tendría que haber actuado de manera distinta. Quizás ahora las cosas fuesen diferentes, o no. Aún así, os aseguro que no me quejo de como me ha tratado la vida hasta ahora. Esa simbiosis de tiempos pasados y presentes se me hacen u todo al escuchar “Second gear”, el segundo disco de los suecos Cobra Cult. Escucho su disco y a mi cabeza vienen aquellos maravillosos días de la NWOBHM. La fuerza amplificada del hard rock. La actitud desafiante del punk. Todo ello en una combinación ganadora, quizás no para los ofuscados estilistas del rock and roll, pero si para aquellos que nos negamos a que el rock pierda para siempre su impronta salvaje. Mi ritmo se acelera y mi cabeza exige independencia para castigar gustosamente mis cervicales. 


Suenan las canciones y los nombres se amontonan en mi cabeza. Influencias notables y palpables que yo también amo con la misma fuerza. Sin tregua. De chaval no consiguieron cortarme las alas, ahora tampoco. Ocho canciones en 24 minutos. De esos discos que cabían de sobra en la cara de una Tdk de 90’. ¡Como debe ser!. La voz de Johanna Lindhult comanda el cotarro. De armas tomar. La faceta más punk rock de Cobra Cult. Thomas Jonsson, Carl Johan Sillen y Anders Martinsgård, alzan el puño aplicando la doctrina más heavy metal a la instrumentación. Quizás seamos pocos, pero siempre los fuimos.

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