JUNKYARD - Junkyard (1989)

Ya hablé en la entrada sobre "Shout at the devil" de Mötley Crüe de mi intención de ir hablando en el blog de esos discos de hard rock que más me han marcado y que además, a pesar del paso del tiempo siguen sonando en casa a menudo. Podría retroceder ahora con la perspectiva del tiempo hacia décadas anteriores a los ochenta, porque ahí nacieron muchos de los discos que hoy en día considero indispensables para mí. Pero no es menos cierto, que si pretendo dejar constancia de esas grabaciones que se me marcaron a fuego a tiempo real, es precisamente a mitad de los ochenta y primeros noventa donde tengo que centrar con más certeza el tiro, ya que fueron esos discos los que me hicieron ir descubriendo otros. Y ciertamente ir cimentando esta pasión por la música que con el paso del tiempo ha ido demoliendo fronteras. Algo que siempre me ha sorprendido es la capacidad de la gente para aplicar el marchamo de autenticidad a ciertas bandas y ridiculizar a otras, habiendo compartido todas el mismo espectro temporal. Seguro que podéis esgrimir mil y una razones. No ha lugar, o mejor dicho tiempo o ganas. Principalmente porque no lo comparto. Aquellas grabaciones que me hicieron reír, llorar, bailar o gritar ya han superado de sobra ese juez llamado tiempo que algunos pretenden canalizar como mar rojo abierto que a cada orilla deja lo bueno de lo malo.

Junkyard es de esa bandas cuya reputación ha permanecido inalterable a lo largo del tiempo. Ha conseguido sobrepasar el espectro de una generación, a pulso, todo hay que decirlo, pero no querer reconocer que se forjaron en un principio dentro de ese hard rock - nada homogéneo, ya que en sus filas se alinearon bandas que no tenían nada de similitud realmente entre si - sería negar la mayor. Su debut llego a mis oídos en pleno 1989, en una vorágine de discos y bandas que buscaban su momento de gloria avalado por la mano ancha de las discográficas que seguían exprimiendo la gallina de los huevos de oro. Y es cierto, que muchos, a pesar de contar con apoyo mediático - video de rigor en la MTV -, no recibieron todo el éxito que sus canciones reclamaban y merecían. Junkyard es una de esa bandas. No creo que haya nadie, que se mueva dentro del hard rock de los ochenta y noventa que no los conozca. Que sus ventas de discos no se acercaban a la de otras bandas de la época, es igual de cierto. Y eso que acumulan canciones de primer nivel. Cómo siempre, la elección de su disco más representativo va por barrios. Por no decir el mejor. En mi caso, reconozco mucha predilección por los discos debut, y en el caso de Junkyard, se ajusta a ello. Los miembros de Junkyard venían del punk y del hardcore, por lo que ese espíritu callejero se hacia latente en sus canciones. Firmaron con Geffen y se pusieron en manos de Tom Werman para que diera forma a este álbum debut. Como curiosidad, señalar que Geffen contrató a Al Kooper y Earl Slick para que participaran en la grabación.


La irrupción de Guns n Roses y su Appetite for destruction cambió la forma de entender o percibir el hard rock por mucha gente, pasando - o alternando, según el caso - de bandas con un marcado carácter melódico a otras de aspecto más rudo y macarra, que volvían a reivindicar la peligrosidad como santo y seña del rock duro. Junkyard, sin lugar a dudas, encajaba perfectamente en el perfil, porque además sus miembros, como comenté más arriba, venían de movidas más rudas. En el sonido de Junkyard se hacia presente la influencia de clásicos como Aerosmith o AC/DC, pero también se percibían huellas del rock sureño y del rock americano de corte más clásico, siempre con ese aroma a gasolina y carretera, que a mí  personalmente, me vuelve loco. El potente sonido de guitarras, esa batería rocosa por parte de un Brian Baker que se hizo cargo de las baquetas poco antes de comenzar a grabar el disco y por supuesto la voz de David Roach, uno de esos tipos que además destila autenticidad por los poros de la piel. Junkyard, como tantos otros, se fueron y volvieron. Cambiaron los grandes recintos aunque fuese abriendo para otros por los pequeños clubs, que se han pateado peleando por el Rock and Roll. Sus discos son esenciales para mi, desde este primero a ese fantástico "Old habits die hards", editado hace un par de años en el que rescataban las canciones que debían haber formado parte de su tercer disco en los noventa o "High water" de 2017.



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