STEVEN WILSON - The future bites

Con la música electrónica me ocurre como con las drogas. No he sentido una fascinación especial por todas y cada una de ellas en conjunto e incluso la experimentación con alguna que otra no me ha sentado bien, por lo que la he desechado casi de inmediato. Esto lo podría aplicar también a mi relación con el rock progresivo. Es justo reconocer que he sentido a lo largo de la vida, mucha más afinidad con discos de prog que con otros de música electrónica, reduciéndose en muchas ocasiones a propuestas bastantes oscuras y/o fusionadas. Creo que esta aclaración es necesaria, teniendo en cuenta que me propongo hablar - o hacer el intento - sobre "The future bite", último lanzamiento de Steven Wilson, gurú de los sonidos progresivos de las últimas décadas, ahora inmerso en los sonidos electrónicos - algo que él asegura que no le es ajeno - para su nuevo disco. Aún reconociendo su valía e influencia, como músico y productor, no termino de conectar totalmente con su propuesta, especialmente en solitario, donde siempre ha mostrado un deseo de no estancar su sonido. Tampoco al 100% con Porcupine Tree, aunque eso si, no voy a negar que seguramente "In absenta" es uno de los discos fundamentales para entender nuevos tiempos del prog rock y se ha ganado por derecho un lugar entre los clásicos del género. Caso aparte es su proyecto con Mikael Akerfeldt de Opeth, Storm Corrosion. Wilson es de aquellos tipos que no dudan en apostar fuerte, por ese tipo de jugadas que terminan dejando viejos fans por el camino pero a su vez, gana una nueva generación de adeptos a su causa.


Desconozco si "The future bites" recorrerá ese mismo camino, de ida y vuelta, que a veces resulta beneficioso para el artista, pero otros termina siendo una trampa mortal de la que se complica escapar. Sin ningún tipo de duda, lo que si es este disco, es una ruptura considerable con lo que algunos pueden esperar de Steven Wilson, a pesar de que ha demostrado ya de sobra, ser un músico al que no le cuesta mudar la piel. El rock queda prácticamente en el olvido en esta grabación, solo algún eco en forma de guitarra que se cuela, pero nunca tomando protagonismo. A pesar de que Wilson nombra como influencia el Kraut Rock y la manida escuela Kraftwerk, son los sonidos cercanos a los ochenta los que se repiten en mi cabeza más de una vez al escuchar las canciones, tal vez por ese buen uso de la melodía al que recurre Wilson en este disco, alejándose por momentos de historias que puedan producir cansancio y hastío. Reconozco que no era un disco al que me acercase con excesiva expectativas, y no ya por su avance hacia los terrenos en los que profundiza, sino por mi falta de afinidad con la discografía general de Wilson, pero mira por donde, me ha sorprendido para bien. Eso si, me parece un disco para escuchar por las mañanas o media tarde que para una infernal noche de fiesta a base de ritmos electrónicos. 



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