Dokken - Heaven comes down / Vandenberg - Sin


Uno pertenece a aquel lugar donde se siente a gusto y allí le gusta volver. Dokken es una de mis bandas favoritas del ahora denostado por algunos, hair metal. Término al que han pretendido asignar un significado despectivo, pero que a mi siempre me ha gustado como definición de una epocacon grandes discos y mejores canciones. Como decía, Dokken siempre ha sido una de mis bandas preferidas de esta historia, con aquella formación tan excelsa como mal avenida. Parece que llega el fin. Los problemas de salud apuntan a ello. Han pasado casi doce años de aquel endeble “Broken bones”, aún así me acerco al nuevo trabajo de Don predispuesto de antemano. La guitarra de John Levin me sorprende por su herencia del sonido Lynch en la inicial “Fugitive”, llevándome a enterrar cualquier suspicacia que pudiese haber albergado. “Heaven comes Down” presume de ser un disco de guitarras poderosas. Levin asume su culpa en ello. Siguen sonando canciones donde sus seis cuerdas ya no tratan de emilar pasajes, que al fin y al cabo fueron santo y seña de la forma de reconocer a Dokken al primer acorde, sino que aporta su lado de la historia. La voz de Don, hace muchísimo que no está para excesos, pero mantiene ese algo que en inferioridad frente a otros grandes vocalistas de los que presume el hard rock, tiene ese algo especial.

Ignoro si “Heaven comes down” será el capítulo final de Dokken, pero de ser asi, se despeciran con la cabeza bien alta. Canciones como “Is it me or you?” o “Lost in you” junto a la inicial “Fugitive” me devuelven la fe. “Saving grace” conecta con aquel “Dysfunctional”  (¿sólo a mi me gusta este disco?) que significó el regreso de la formación original en un momento convulso para el hard. La íntima “Santa Fe” es la palabra de un hombre y su guitarra. En definitiva, “Heave comes down” lo disfruto, lo hago mío.

Quien si consiguió superar su lesión despues de años de ostracismo en los que centro su vida en otras facetas del arte es Adrian Vandenberg. El regreso en dias de nada que perder de la formación que llevaba su nombre, ha resultado desde entonces productiva. Para este “Sin”, con Mats Leven a la voz, vocalista con experiencia y solvencia demostrada, Adrian parece querer tender un puente hacia aquel “Slip of the tongue” que compuso para Coverdale, pero que sus problemas en la mano, llevaron a Steve Vai a grabar las guitarras del disco y llevarse su merecida razón de gloria. “Sin” suena por momentos -bastantes- a aquellos Whitesnake que lidiaban con la presión de tener  que parir al sucesor de un “1987” que los puso en la cina del mundo. “Sin” posee un clara orientación al hard rock de los 80, no tanto a la primera mitad en la que Vandenberg editó sus primeros discos, como a la segunda mitad de la década. También hay lugar para arranques más furiosos con un Mats Leven que raya a un gran nivel durante toda la grabación y la guitarra elegante y precisacde un Adrian Vandenberg - por cierto, si no conocéis el disco que sacó junto a Rudy Sarzo y Tommy Aldridge bajo el nombre de Manic Eden, buscadlo- cuyo nombre merecería militar en posiciones más altas en los héroes de la guitarra que tanto idolatramos los seguidores del hard rock. Dos discos con viso de presente de dos músicos con mucha historia a su espalda, dándome la satisfacción de seguir disfrutando de un hard que fue mayoritario y ahora pertenece a una inmensa minoría.

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