En la década de los 80, L.A. era un hervidero de bandas -os recomiendo leer si no lo habéis hecho ya, “Nöthin but a good time” de Tom Beajour-, Sunset Strip empapelado en flyers que anunciaban conciertos en locales míticos como Whiskey a Go Go o Troubador. Afianzado ya el hard rock en las emisoras de radio y la MTV, cuentan que en la segunda mitad de la década, dos bandas competían por el cetro de convertirse en la nueva gran banda que saliese de los clubs angelinos. Amparado bajo aquella canción de Rose Tattoo, “Nice boys don’t play rock and roll”, el sleaze se abría paso tratando de devolver al rock duro su halo peligroso, de volver a imponer la actitud en primera línea. Como iba contando, dos grupos relatan que acaparaban la atención sobre ellos. Uno era Guns n’Roses. Los de Slash, Axl y demás, fichaban por Geffen y en 1987 ponian el negocio patas arriba con “Appetite for destruction “. El resto ya es historia contada en muchas ocasiones, pero por si os apetece, os dejo este texto que escribí con motivo del 30 aniversario de la edición del disco.
La otra banda de la que todo el mundo hablaba era Rock City Angels. Unos los conoceran porque Johnny Depp pasase por sus filas durante escasos “5 minutos”, muchos, porque si alguna vez orbitaste alrededor del Popu, ya sabrás que Rock City Angels se convirtió en un fetiche de la revista, llegando a convertirlo en un grupo de culto. El caso es que según cuenta la leyenda, Rock City Angels eran los competidores naturales de Guns n Roses, aunque estos estuviesen influidos por la esfera musical que conformaban Aerosmith, Led Zeppelin y la hostilidad propia del punk, y el fondo de RCA estuviese conformado por las enseñanzas de los Stones y de Hanoi Rocks. Ahora es cuando entramos en los novelados sucesos de la leyenda urbana que les rodea, alimentada en parte desde New Renaissance Records, quiene afirmaban que les tenían fichados e incluso con disco grabado, pero que Geffen Records se metió por medio y no de muy buenas maneras, llegando incluso -siempre según palabras de New Renaissance Records- a conseguir paralizar a través de la extorsión y amenazas, la salida del disco.
Y ahí es cuando la historia se vuelver rocambolesca, afirmando que la intención de Geffen era silenciar a Rock City Angels para que no hiciesen sombra a Guns n Roses, y que “Young man’s blues” era imposible de encontrar en las tiendas de discos. Incluso hay quien afirma, para rizar el rizo, que tras una reunión del grupo en las oficinas de Geffen, emcontraron un contenedor de basura repleto de copias de “Young man’s blues”. ¿La realidad?. Pues aunque es cierto, que “Young man blues” fue un disco durante bastante tiempo muy complicado de conseguir, son suposiciones mías que en Europa que en E.E.U.U., lo cierto es que Geffen realizó una inversión económica muy importante en RCA -hay quien habla de 6 millones de dolares y no olvidemos que era 1988- como para guardarlos en un cajón. Parece ser que la razón más consistente de que RCA se quedasen en el camino tiene más que ver con las drogas que con teorías de la conspiración.
El caso es que el siglo XXI supuso una “resurrección” del status de culto de Rock City Angels, con la reedición de “Young man blues” en 2005 y la edición por parte de New Renaissance Records en el 1999 del disco homónimo de la banda, en una onda más punk glam a lo New York Dolls, el disco supuestamente “secuestrado” por Geffen Records. Teniendo en cuenta la importancia del mito en el mundo del rock and roll, el rescoldo de dicha historia ha conseguido sobrevivir el paso del tiempo aunque la realidad sea mucho más mundana y acorde a la situación que vivieron otras muchas bandas de la época. ¿Sobre la comparación “Young man’s blues” y “Apettite for destruction”?. Sinceramente, aunque el prinero es un muy buen disco que alcanza picos muy altos, en conjunto palidece ante el segundo.

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