miércoles, 4 de marzo de 2026

Bonfire - Higher ground (2025)


La vida es una calle recta llena de recovecos. Aunque parezca que vives en una linealidad planificada, una monotonía revestida de normalidad por unas normas sociales que alguien decidió regularizar e inscribir a fuego en el imaginario social, la realidad es que a cada paso van apartándose pedazos de vida reciente para quedar algunas instaladas en la memoria, otras en el purgatorio del olvido de dónde rescatarlas momentáneamente en un ínfimo instante de nostalgia. Con la música pasa igual, más aun cuando no la concibes como algo accidental o un episodio concreto de una época arraigada a la edad. A veces ni tan siquiera eres consciente de abandonar en la cuneta, sencillamente ocurre. Es mi caso con los alemanes Bonfire. Escuché hasta la saciedad “Point Blank”, con asiduidad “Fireworks”, pero por razones que sinceramente ahora no recuerdo, su música posterior fue quedándose fuera de mi área de influencia, tanto que debo reconocer que he dejado de escuchar muchos de sus discos sin aparente ni convincente razón para ello.

Podría inventar mil excusas sobre la marcha, la primera despedida de Clauss Lessman tras “Knock out”, cuya voz siempre me pareció símbolo identitario del grupo, aunque no es excusa porque regresó casi al instante para seguir grabando discos con Bonfire hasta ya avanzado el siglo XXI y además en su ya posterior ausencia militara en Bonfire por ejemplo David Reece -“Glörious” (2015), “Pearls (2016)- o el caso parecido del guitarrista Hans Ziller. Mis últimas noticias sobre Bonfire fueron que regrabaron sus tres discos “clásicos” con Dyan Mair en la voz, pero como siento cierta fobia a eso de regrabar de nuevo los discos, pasé de largo con premeditación y alevosía. Pero las vueltas que da la vida, casi por casualidad de doy de frente con este “Higher Ground” lanzado hace ya casi trece meses y mi cara de asombro muta rápidamente en satisfacción, primero, seguramente, en ese ejercicio ínfimo de nostalgia que comentaba más arriba, segundo, porque me encuentro con unos Bonfire realmente poderosos y un vocalista fantástico.

“Higher ground” se diferencia de aquellos Bonfire que yo recordaba, lógicamente por culpa mía que he extendido la línea del tiempo que nos separa en demasiadas hojas de calendario arrancadas. “Higher ground” desprende una fuerza natural proveniente de unas guitarras entroncadas en ese Hard Rock que roza los límites a veces del Heavy Metal de corte más melódico. El corte inicial -si, obvio la intro a posta- “I will rise” suena a declaración de intenciones por parte de Ziller no solo por la letra sino por el poder que emana de su sonido y además compruebo con gusto que buen vocalista es Mair, y mi pesar por haber estado obviándolo hasta ahora. De nuevo me rindo ante las guitarras de la canción que da nombre al disco, sus partes melódicas en la voz y un muy buen estribillo. Coros y teclados, fórmula conocida, reconocida, para introducir “I died tonight” de cariz más melódica, la que entronca con el sonido más característico -segun dicta mi memoria- de Bonfire y lo que son las cosas, de las que menos me convence del disco.

Vuelven las guitarras poderosas con “Lost all control”, un sonido que me recuerda a los mejores tiempo de los Rising Force del maestro Yngwie J. Malmsteen -otro de quien su “Parabellum” de 2021 he vuelto a escuchar con atención días atrás y quiero traer al blog- tanto en la estrofa como en la forma de encararar los solos. No podía faltar -ni debe hacerlo- en un fantástico disco de hard rock la balada de rigor. “When love comes down” es la elegida y ¡vaya como suena!. Un retorno al concepto de power ballad de los 80 tan característico y propio del género como los coros o los riffs de guitarra. “Falling’” es puro hard rock de corte clásico en su entrada, guitarras a lo Blackmore para en el momento que entra en acción la voz de Mair virar hacia terrenos más melódicos que suenan mucho a Dokken -escucha atento el estribillo-. ¡Vaya guitarras de Ziller y Frank en “Come hell or high water”!. Un corte muy heavy de aspecto oscuro que me recuerda a los Black Sabbath era Tony Martin.

“Jealously” es rápido, contundente, sin fisuras, de esas canciones que hacen que tu cuerpo se ponga en guardia ante su ritmo, de nuevo con un Mair espectacular. “Spinning in the black” tiene ese rollo a lo Bonfire clásico en la forma de sonar esas guitarras -que por cierto vuelven a hacer desfilar momentáneamente por mi mente a otro de mis guitarristas adorados, George Lynch- que buscan un hard rock poderoso de herencia de los 80. Cierra el disco una nueva versión de “Rock and Roll survivor”,(2020), pero que como ya comenté para mi pasó desapercibida por lo que no puedo establecer comparaciones aunque si que me parece, a pesar de que tiene su aquel, que queda por debajo de las nuevas composiciones. Desconozco si me animaré a ponerme al día con tiempos anteriores de Bonfire pero os aseguro que pienso estar atento y expectante a los presentes, más si son capaces de seguir en esta línea.


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