Con la edad y el paso del tiempo he ido asimilando nuevas sensaciones y situaciones pero a la par, no he dejado de lado casi ninguna de aquellas que incorporé a mi día a día en mi ya lejana juventud como estación de edad que no como predisposición mental. Si el cine -obra y gracia de los videoclubs- me ha acompañado desde la adolescencia, el cine de terror ha sido para mi el preferido de la familia. Dentro del cine de horror, al igual que rehuyo del gore más rutal y especialmente de cierto cine que busca experimentar con sensaciones calculadas sobre la base de la repugnancia a través de la trasgresión. Lo mío siempre ha sido, principalmente el slasher, más o menos bruto, con visión en mayor o menor medida mainstream pero en unos parámetros reconocibles que además siempre me ha parecido un excelente compañero de viaje del Metal. Sin lugar a dudas mi “asesino” favorito es Jason Voorhes al que F. Krueger y Leatherface le pisan los talones, pero no olvidemos a Victor Crowley, The Creeper, Michael Myers, Angela Baker, Billy Chapman, Russ Thorn, Mick Taylor o Marie. Hoy no voy a hablar de homoglobina en el cine, sino en la música. Afilen sus hachas.
Exhumed - Red Asphalt (2026)
Si el rock and roll siempre ha tenido y presentado una obsesión con la carretera bien como metáfora, bien como manera de vida nómada, Exhumed también centran su visión en el asfalto a su propua manera, para construir un disco cuyo nexo de unión a través de las letras es la “carnicería” fruto de la tragedia de los accidentes de tráfico. “Red Asphalt” es un compendio estupendo de Death Metal con toques Grind que reafirma la concepción más básica que debe de tener un disco de este tipo para satisfacer a quien se acerque a sus sangrientos dominios.
Centrándonos de lleno en el ataque frontal que representan sus canciones, siempre centro principalmente mi atención en las guitarras como polo de atracción al género y en eso Exhumed saben como sacarle partido y aunque nos encontremos con auténticas demoliciones sonoras como “The iron graveyard” en el solo exprimen de manera certera las melodías antes de volver a sumergirse en la insana espiral de caos comandada por una batería endiablada. Otras canciones como “Shovelhead” donde de nuevo las guitarras marcan distancia o la marcial “Crawling from the wreckage” en la que el ritmo marca el tiempo de manera pesada evocando al igual que la voz pasajes más clásicos de las estructuras del Death Metal. Un buen -y sangriento- disco.
Worm - Necropalace




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