El etnomusicólogo y antropólogo británico John Blacking definió la música como un sonido humanamente organizado. Blacking, que en su libro “Hay musicalidad en el hombre”, comparaba sus experiencias musicales en África y Occidente, criticaba el etnocentrismo de los tests de aptitud musical y se preocupaba por las relaciones entre sonido y sentimiento. El principal argumento del libro versa sobre que para transmitirse y dotarse de sentido, la música precisa tener en cuenta las relaciones e interacciones entre personas y es que la música no se comprende sin un consenso cultural sobre lo percibido y que el sonido es el objeto pero el hombre es el sujeto. Sin lugar a dudas, el rock and roll a su manera idiosincrática imbrica el bagaje personal y la pasión como forma electrificada de expresarse e identificarse, no en vano, nos sentimos atraídos a grupos socialmente estructurados con los que compartimos vínculos a veces en contraposición a otros.
Por eso Michael Monroe es nuestro pastor y gracias a la eterna energía voluminosa de sus canciones nada nos falta. El mítico vocalista parece haber hecho un efectivo pacto para que la edad no haga mella ni en su garganta ni en la intensidad de su propuesta que sigue siendo ese compendio de rock and roll glamour oso de guitarras distorsionadas y la rabia punk que llegó desde el norte. “Outer Stellar” te pone las pilas desde el mismo instante en que la adrenalina se dispara persiguiendo a las adictivas guitarras de Steve Conte y Rich Jones que escupen rabia. “Rockin’ horse” abre fuego plantando y cara y disipando dudas si es que alguien tuvo alguna vez la osadía de plantearlas. Sami Yaffa como sempiterno compañero de viaje, Karl Rockfist no permitiendo desde su batería que el ritmo decaiga.
Es complicado elegir entre tal elenco de continuos ganchos que te provocan un gustoso k.o. “Outer Steller” de forma natural y propia oscila entre el hard rock canalla de spray, lápiz de labios y cuero de canciones como “Black Cadillac”, “Shinola” u “One more sunrise” y el punk rock hostil y acelerado de “Newtro bomb” y “Disconnected” que suenan salvajes. Por supuesto es imposible no concebir puentes con Hanoi Rocks y es que al final, con menos éxito en ventas que otros, la influencia de los finlandeses sí está presente en muchas bandas que acogen la combinación de rock and roll festivo, y glam hard rock, por lo que es de ley que el propio Monroe se convierta en digno sucesor de una leyenda de la que formó parte. Michael Monroe se vuelve a sacar de la manga un disco temperamental y fabuloso.

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