La vida es aquello que transcurre entre el primer llanto -propio- y el último -ajeno-. Entre medias, un sinfín de recuerdos van modelando imágenes en la memoria que perviven sin aparente fecha de caducidad. Lugares comunes que siempre de una manera u otra recuerdan hogares enmascarados de un déjà vu constante concebido para engañar a los sentidos. Acciones inconscientes de la mente que nos trasladan a lugares comunes que nunca hemos pisado con anterioridad como si su aroma perviviese anclado en nuestra conciencia. A veces ese hilo conductor se transforma en melodías que ejercen la función de barco de vapor cargado de emociones.
Eso me ocurre constantemente con las canciones de JM Conejo. Me subo a bordo de sus historias de letras y acordes como polizón que se asoma a la cubierta para aspirar bocanadas de libertad. “Lugares comunes” ha llamado a su nuevo disco, espacios compartidos donde me siento presente, en los que José María construye una borrosa y permeable frontera entre Cádiz y Nápoles cuyo salvoconducto son las notas de su guitarra y su rasgada garganta.
Su música es como un viento del Atlántico que se escapó para pegarse un baño en el Mediterráneo. Un billete de tren para un reino de vivencias relatadas en cuya estación de partida, JM firma de puño y letra su declaración de intenciones, “¡Atrévete a ser libre!. JM abre las ventanas y nos muestra su alma de cantautor urbano, su espíritu de trovador de orilla de mar. Las paredes de su casa huelen a sur de Italia afincada en el sur peninsular, zonas bajas demográficas donde la vida se percibe de peculiar manera, como sus canciones.
Sus letras siempre acompañan su forma de entender la vida, conversaciones en la intimidad de un patio de vecinos, en la pequeña mesa de un concurrido bar de barrio aún no descubierto por el turismo exacerbado. José Mari mete el dedo en la llaga con la franqueza del que no esconde la mano cuando tira la piedra, “La tierra es plana”, “La guerra que vendrá “, relatos actuales que evidencian a aquellos que enarbolan la bandera de la inconsciencia.
José Mari da forma a las emociones, “El dolor es más profundo que el mar”, a historias de vida, “Mégara” a ocasiones perdidas con sabor a blues, “Dolores Machuca”. José Mari escribe relatos urbanos, “El vals de los corazones rotos” y nos grita que no olvidemos nuestra condición de clase obrera cuya mayor lucha es la de sobrevivir a final de mes mientras nos convencen de que “los malos” son los nuestros y no los suyos.
“Lugares comunes” es un trabajo para escuchar como un susurro al oído a veces, otras como un grito libertario que no consiguen estrangular. “Lugares comunes” es como ir retratando la vida en un lienzo en blanco con una garganta rota como pincel.”Lugares comunes”, y permíteme la licencia, querido Carlos Cano que estés en el paraíso obrero, “Nápoles es Cádiz con más tráfico, Cádiz es Nápoles con más salero”.

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