martes, 23 de diciembre de 2025

Gwyn Ashton - Grease Bucket (2025)


El guitarrista australiano -aunque galés de nacimiento pero criado allende de los mares- Gwyn Ashton es ya un habitual del blog. Sus últimos tres discos han ocupado su lugar entre las líneas escritas de este rinconcito que en unos días comenzará su andadura por décimo sexto año, nada mal para un espacio que muchos consideran acabado y finiquitado como son los blogs que quizás ahora que circulan por vías no secundarias sino soterradas cumplen su premisa de condición personal. Resumir su currículum ocuparía más espacio que el que utilice en hablar de su música y es que alrededor de los trastes de su guitarra giran nombres como Fleetwood Mac -que pudo haber sido por deseo de Mick-, B.B. King, Rory Gallagher, Robert Plant, Steve Morse, Mick Taylor, Van Morrison… y en sus discos han tocado viejos héroes personales como Neil Murray o Kim Wilson y es que los dedos de Ashton llevan más de cinco décadas dibujando acordes.

Después del temple de su hasta ahora último disco, “Mojo soul”, donde la fuerza propia del blues electrificado quedaba a un lado para destacar a través de unos pasajes mayoritariamente acústicos, centrar el peso del disco en guitarra y voz como imbrincadas e indisolubles compañeras de viaje. Tres años después, Gwyn recupera en este “Grease Bucket” las dosis necesarias de músculo en su música. Blues y Rock se cruzan de manera natural durante todo disco, sin dejar de lado proclamas que reivindiquen el soul y el funk. En “Grease Bucket” a Gwyn Ashton le acompañan en esta ocasión Chris Lambden (Screaming Believers) al bajo y Paul Wheeler (Icehouse) a la batería. Desde el inicio del disco con la eléctrica “Something that the cat dragged in” te mete de lleno y te gana para la causa con su puro y potente rock and roll.

Ashton posee y explota de maravilla su capacidad para crear canciones muy rítmicas a las que inconscientemente acompañas con el -torpe en mi caso- movimiento de tus pies. “Howling at the moon” presume de ese ritmo tan propio del funk rock que te cala los huesos y reactiva tus conexiones nerviosas. A partir de ahí “Grease Bucket” es como conducir por una polvorienta carretera comarcal, a veces plácido, otras rudo, siempre auténtico y visceral. Voz y guitarra dibujan líneas paralelas que construyen historias eléctricas, contundentes, intensas, el blues como espina dorsal pleno y lleno de ramificaciones. “Grease Bucket” circula a través de una base rítmica que contiene cuando es necesario y aprieta si el momento lo sugiere. Por supuesto los solos de Ashton ponen ese punto álgido, ese instante preciso. Un muy buen disco de un guitarrista que poco tiene ya que demostrar y mucho que seguir dándonos, para fortuna nuestra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario