Hace ya más de década y media que este blog comenzó a andar y como ocurre con la cotidianidad de nuestras vidas, ha pasado por diversas etapas. Nació cuando la burbuja de la blogosfera se encontraba en su punto álgido hasta que como todo globo acabándose deshinchándose y siendo arrastrada por la corriente del olvido y el desuso. Entonces comprendí que si Motel Bourbon tenía que seguir no era ni mucho menos por un acto implícito de resistencia sino porque fui consciente que no me sentía a gusto dentro de aquello en lo que este espectro colectivo de información y opinión se terminó convirtiendo en, sino que la intención primigenia era dar salida a cuestiones que rondaban en mi cabeza y que de una manera u otra terminaban desembocado en la música incluso sin razón aparente. Y aquí sigue el blog, con una “resurrección” en forma de visitas en estos dos últimos años que me sorprende y sonroja debido a mi siempre incómodo carácter retraído al que el tiempo, afortunadamente, ha ido erosionando sus aún muchas veces empinadas costas.
Cuanto hemos cambiado, pero en el fondo, cuanto no. Que difícil es ser reconocible sin ser previsible. Ignoro si lo he conseguido al menos mínimamente, no es cuestión propia sino ajena considerar dicha situación, lo que sí consigo de momento es seguir divirtiéndome mientras compagino escribir y escuchar música imbricadas como unidad indisoluble. Y estoy seguro que hay músicos que se siguen divirtiendo y mucho ahora que ya el éxito lo vislumbran desde un prisma totalmente distinto al de hace unas décadas. L.A. Guns es una de mis -tantas- bandas favoritas de Hard Rock, prácticamente desde que una canción como “One more reason” se cruzó en mi vida. Great White no tanto, no os voy a engañar. El tiempo y la historia no tiene el mismo lugar y espacio para ambas bandas. Los de Tracii Guns con los altibajos temporales que prácticamente han tenido todas estas bandas cuando dejaron de ser carne de MTV, lo cierto es que han ido dejando algún disco “anecdótico” pero también varios a muy buen nivel, sobre todo los últimos, e incluso se dio lugar a una versión paralela de la banda, la de S. Riley que nos legó un disco fantástico, “Renegades”.
Sin embargo no podemos decir lo mismo de Jack Russel y Great White. Si bien siempre gozaron de un cierto status de “autenticidad” por su querencia al rock clásico y sobre todo a Led Zeppelin -tanto les cundió el asunto que terminaron grabando un disco de versiones de estos- con la complacencia de una prensa musical que no había dudado un instante en crucificar al bueno de Lenny Wolf y Kingdom Come. Pero la controversia se enraizó en el devenir de Great White, primero con la controversia de aquellos directos en playback y más tarde la desgracia. Al final, cada uno por su lado, con dos Great White tratando de recuperar crédito en directo y en estudio, editando ambas “facciones” disco en 2017, los GW de Mark Kendall con Terry Ilous (XYZ) a la voz y los de Russell por su parte el suyo propio. Desgraciadamente, el 15 de agosto de 2024, apenas un mes después de anunciar que abandonaba toda actividad por razones de salud, fallecía Jack Russell.
Ese mismo 2024, pudimos disfrutar del último acto del fantástico vocalista. De la mano de Frontiers Music y Alessandro del Vecchio, Russell nos sorprendía facturando junto a Tracii Guns un excelente disco de hard rock llamado “Medusa”, un disco que con los antecedentes que poseía, no sonaba ni a Great White ni a L.A. Guns mostrando la gran personalidad -y por supuesto talento- de ambos músicos. Con un Tracii demostrando que guitarra en mano sigue siendo muy efectivo y que aunque en los últimos tiempos había mostrado y demostrado su gusto por el rock de los 60/70 con sus League of Gentlemen, en su unión con Russell tira de sonidos musculosos para refrendar su posición junto a un Russell que a pesar de las circunstancias brilla de manera magistral durante todo el disco. En este “Medusa” les acompañan Johnny Martin, bajista de L.A. Guns en 2016 y Shane Fitzgibbon, ex L.A. Guns que tocó en el fabuloso “The devil you know” y por supuesto Del Vecchio en los teclados.
“Medusa” es hard rock de clara ascendencia de ese sonido norteamericano del que ambos protagonistas han sido figuras destacadas, mezclando y mostrando melodía y músculo de manera natural. Son capaces de hacer canciones que brillan a un nivel altísimo como “Back into your arms again” o “Give me the night”. “Medusa” fue una gran -y agradable- sorpresa porque aún consciente del nivel de ambos músicos, no era capaz de imaginar que iban a sacar un disco en el que el trabajo de ambos es magnífico y se plasma en grandes canciones. Nos queda el consuelo de que el último trabajo que nos dejó Jack Russell fuese tan bueno como es Medusa.


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