El metal extremo posiblemente sea la última reserva espiritual que mantiene viva la performatividad en el rock. El comportamiento performativo se define como una acción realizada específicamente pensando en una audiencia, para provocar una respuesta o reacción, “…no sólo nos contamos historias, también las dramatizamos con rituales, cantos, teatro, danzas, con máscaras e indumentarias especiales para personificar, imitar y encarnar a otras personas, a seres fantásticos, animales y agentes sobrenaturales. Todas éstas son expresiones estilísticas de la otredad y de posibles alteridades; son prácticas enfáticamente coexistentes con nuestra condición humana. La dramatización constituye así otra forma narrativa, un componente fundamental del homo narrans.” (La celebración de la contingencia y la forma. Sobre la antropología de la performance. Rodrigo Díaz Cruz 2008)
Los cada vez más difusos bordes que establecen límites dentro de aquellos sonidos que podemos identificar como pertenecientes al Black Metal nos obligan a recurrir a un nexo común que discurra como elemento distintivo frente a otras representaciones musicales próximas respecto a dimensiones sonoras o de “parentesco“, y la imagen, la representación teatral de la música a través de ella ejerce su función referencial. La imbricación entre vista y oído es una auténtica exaltación ceremonial de los sentidos y ahora Hospodi trasladan sólo una parte de ese “todo” a su primaria función acústica. Los problemas legales de Bartlomiej Krysiuk con Krzysztof Drabikowski obligó al primero a pasar a denominar a su banda Patriarkh en sustitución de Batushka, bajo el que fue grabado “Hospodi” (2019) un disco conceptual basado en la liturgia ortodoxa de la muerte.


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