1989, una radiografía alrededor del hard rock


Los ochenta comienzan a quedar tan lejos que se convierten en un mar de recuerdos moldeados en el tiempo que perviven en mi memoria, seguramente ajustado a la realidad que mi cabeza prefiere mantener. Corría el año 1989, y en noviembre cumpliría 17 con lo que llegaba al peligroso abismo que marcaba el final de la adolescencia entre sueños eléctricos y una sociedad anquilosada con excesivos perjuicios ajenos y secretos propios. Aquel año Mötley Crüe “regresaban” a lo grande con “Dr. Feelgood”, resonaba a todo voz aquello de “woooooah, yeaaaah, kickstart my heart, give it a start…” mientras aseguraban haber dejado atrás sus adicciones varias y haber aparcado, de momento, su salvaje estilo de vida con un disco producido por Bob Rock que dotó al disco de un sonido orgánico y pretencioso junto a un listado de canciones que tiraba de espaldas.

Pero no eran los únicos, el camaleónico Alice Cooper se unía a las filas de la era con “Trash”, tras acercarse al heavy metal de la primera mitad de la década con los discos “Constrictor” y “Raise   your fist and yell” -adoro este disco- y aparecer en el cine de terror, él mismo en Prince of Darkness de John Carpenter, su música en una de las partes de Viernes 13, Alice se colaba en las listas de éxitos radiofónicos con singles como “Poison” y “Bed of Nails”. Por otro lado Aerosmith reivindicaban su lugar de privilegio por derecho propio con “Pump”, después de ver como tantas bandas que disfrutaban las mieles del éxito reconocían la influencia después de ver los (ex)Toxic Twins. Si “Permanent Vacation” había dejado claro que los de Boston regresaban en serio, “Pump” conquistó el mundo y los volvió a colocar en lo más alto del Olimpio junto a muchos de sus alumnos más aventajados.

1989 también nos legaba otro de esos que dejó huella tanto por su música como por su icónica portada, “Sonic Temple”. The Cult que gradualmente habían ido evolucionando hacia el sonido en boga en aquellos días eran conscientes de que superar “Electric”no iba a ser sencillo, pero con la mano de Bob Rock en la producción, significa una de los mejores discos -y no solo- de la década. También aquel 1989 Blackie Lawless se nos volvía “serio” y aparcaba sus destellos más salvajes para presentarnos un maduro “The Headless Children”, Joe Lynn Turner mandaba a tomar viento a Yngwie con un disco en directo grabado en la U.R.S.S., Accept intentaban la aventura americana con un disco”Eat the heat” que salía mal parado en la inevitable comparación con “Mean machine” de U.D.O. que también salía en 1989.

Por su parte, grandes músicos trataban de alcanzar la gloria de la mano de sus propios proyectos, caso de John Sykes que reivindicaba su papel en “1987” de Whitesnake a través de Blue Murder junto a Tony Franklin y Carmine Appice mientras Coverdale trataba de no perder comba con “Slip of the tongue”, la lesión de Adrian Vandenberg que supuso el fichaje de Steve Vai o Jake E. Lee que tras su paso por la banda del eterno Ozzy Osbourne, me dejaba boquiabierto con el debut de sus Badlands, acercando su sonido a los clásicos de hard rock de la década anterior destacando el poder de la garganta del malogrado Ray Gillen o el por entones Mark Free con el derroche de hard melódico que contenía “Loud and clear”de Signal, Steve Steven y sus Atomic Playboys escapando momentáneamente de la sombra de Billy Idol, el concepto de supergroup de la mano de Mr. Big, su majestad Doro ya sin Warlock o Jason Bonham junto a ese fenomenal vocalista llamado Daniel MacMaster.

Otro de los discos por el que desnudaría mis puños ante cualquiera es “The great radio controversity” de Tesla, junto a su debut una maravilla atemporal llena de canciones que eran capaces de mostrar su querencia por el pasado reciente sin perder de vista el presente. Además aquel 1989, los sellos discográficos vendían su alma al diablo por los nuevos Guns n Roses, y aunque no los encontraron si que tuvimos la fortuna de disfrutar de los debuts de grupos como Cats in boots, combo mitad norteamericano, mitad japonés y su glam/Sleazy, el hard rock con sabor a carretera y gasolina de Junkyard, el glam de Vain ( lo que son las cosas, Davy Vain, vocalista de la banda fue el productor de “The ultra violence” de Death Ángel), el hard rock cristiano de Shout con Ken Tamplin en sus filas y Angelica (Rob Rock a la voz) o el exitoso primer lanzamiento de los nunca suficientemente reivindicados a posteriori Warrant y Jani Lane o los debuts de Enuff Z Nuff, Bang Tango, Extreme, Danger Danger, Dangerous Toys (con otro fantástico vocalista, Jason McMaster), Phantom Blue, Tora Tora, Saraya, Sea Hags o Beau Nasty con Mike Terrana.

Pero si hay un disco debut que entra en mi Top 10 del género es sin lugar a dudas el de Skid Row. AJon Bon Jovi siempre le estaré agradecido por los 5 primeros disco de su banda, pero ni en mil vidas podré agradecerle lo suficiente haber puesto en mi vida a Cinderella y Skid Row. El debut de los de Bach, Sabo y compañía es un auténtico ejercicio de músculo y melodía, con canciones que crujen poderosas, estribillos inolvidables y dos power ballads inmejorables. Otro de mis discos preferidos de 1989 lo firmó otro viejo zorro como Michael Monroe cuyo “No fackin’ it” es una auténtica lección de como de sexy puede ser el rock and roll sin perder su peligrosidad y por supuesto no quiero olvidar maravillas como “Save yourself” de McAuley Schenker Group,  “Headless Cross” con Tony Martin poniendo voz a los riff de Iommi y “Cocked and Loaded” de L.A. Guns, otra de mis bandas fetiche a los que sumar el segundo disco de Faster Pussycat, “Law and order” de Shark Island o “Twice shy” de Great White.

Esto se está alargando excesivamente pero no puedo obviar aunque sea de pasada discos como “State of Control” de Barren Cross, Cry Wolf y su disco homónimo, “Turn of the screw” de Dirty Looks, “Big game” de White Lion, “High Gear” de Howe II, “Right between the eyes” de Icon, Keel y su “Large than live”, “Hot in the shade”de Kiss, “Street ready” de Leatherwolf,  “Love + War” (Lillian Axe), “Master of disguise” (Lizzy Borden) o los tan injustamente tratados Kingdom Come e “In your face”, mientras que la vieja Europa por su parte también tenía que decir, y lo hacía con discos como “No fuel left for the pilgrims” de los daneses D.A.D., “Intuition” de TNT, “Point blank” de Bonfire, “Culture killed the native” de Victory, “Sign in the sky” de China, “Funk-o- metal carpet ride” de Electric Boys, “Danger in this game “ de Glory, “Taking on the world” de Gun, Gorky Park, “Attack of the neon shark” (Alex Masi), y el lejano Oriente que nos dejó a los japoneses Ezo (“Fire Fire”) y el magnífico “Soldiers of fortune” de Loudness con Mike Vescera a las voces.

No podía cerrar sin mirar dentro de nuestras fronteras dejando para el final pero no por ello restándole importancia a “El silencio de la noche”, último disco de la banda con la nunca se hizo suficiente justicia. También 1989 fue el punto de partida de otro de mis discos “fetiche” dentro del hard rock hispano como es el debut de los algecireños Shalom, que afortunadamente desde hace unos años volvieron a la palestra y cuyo vocalista, Sebas Guerrero, siempre me ha parecido uno de los mejores vocalistas que ha dado este país y “Madrid”, segundo disco de Tarzen, el proyecto más internacional del grandísimo guitarrista Salvador Domínguez . No queda ahí la cosa, al calor de Sangre Azul y Niagara, en 1989 debutaban discográficamente Hiroshima cuyo sonido se entroncaba directamente en ese hard melódico/A.O.R.que triunfaba en los States. A estos discos habría que sumar “Liberación” de la llorada Azucena, el magnífico “Caught in love”de Elikat, “Triangles” de Tokyo, los trabajos homónimos de Force, Dama Feudal y Desire o “Do you want to play or” de Black Jack, Oracle (vale, son gibraltareños y por tanto británicos, pero…) o “Desde la grada” de Lancelot que oscilaba entre el hard rock y sonidos más urbanos.

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