Nunca he tenido demasiado claro el significado de “hacer cosas acordes a tú edad” más allá de encorsetarse a estructuras prefabricadas, viejos moldes a los que el paso de tiempo añade capas de pintura que disimulan su cara pero mantienen los viejos preceptos arraigados a las convenciones sociales. Utilizamos los términos en provecho propio a veces inconscientes del poder del lenguaje, capacidad que nos hace humanos, que nos dio el control del mundo aunque de en tantas ocasiones la impresión de que no sabemos utilizarlo, o quizás si pero no en la dirección adecuada. Desconozco la veracidad de aquella cita que afirma con rotundidad la relación entre vejez y sapiencia, sobre todos en tiempos que cambian a cada instante. Lo único que me ha mostrado el paso del tiempo es mi derecho a la indiferencia sobre la opinión ajena cuando esta no me aporta nada y el sagrado deber de centrarme en lo que me gusta y me hace la vida más amena.
Seguro que le ocurre igual a Deep Purple y a tantos otros músicos que ya no necesitan demostrar nada ni convertirse en poderosos pilares de un rock and roll cuya misión salvadora debe recaer ahora en otros que vengan por detrás. Reivindico en voz alta que quiero disfrutar de Deep Purple y que sobretodo ellos disfruten de sí mismos. Hace unos días pude verles en directo (Tío Pepe Festival 10/07/26) y válganme los dioses de la distorsión y los sonidos electrificados que mis deseos fueron escuchados. Pero es que además no seré yo quien ponga alguna pega a la labor de la banda en el estudio de grabación porque viene siendo óptima en estos últimos tiempos. Si la marcha de Steve Morse podía provocar algún resquemor, “=1” editado en 2024 alejó cualquier atisbo de duda legando un trabajo a una gran altura que ahora incluso me aventuro a proclamar que han superado con “Splat!”.
Y es que nos encontramos con un disco en el que Deep Purple deciden recuperar ese vértice musculoso de sus canciones como orgullosos progenitores del Hard Rock. “Splat!” suena preciso, cada instrumento apropiándose de su espacio, con el hammond de Don Airey asumiendo protagonismo y retando a duelos a la guitarra de Simon McBride. Ian Paice sigue poseyendo una fortaleza inusual en su pegada y una métrica por encima de la media mientras forma un dúo envidiable -e idolatrado- con Roger Glover. Es un auténtico placer perderte en las canciones del disco y disfrutar de cada instrumento sin que ninguno de los integrantes de Deep Purple quede en segundo plano o solapado por el resto. ¿Y qué pasa con Ian Gillan os preguntaréis?. El vocalista con unas canciones construidas acordes al estado vocal de su garganta, en bastantes buenas condiciones considerando sus ochenta años y los excesos que el viejo material de la banda le ha exigido durante tantos años a su garganta, brilla al mismo nivel del resto de sus compañeros, bordando cada canción con esa maestría que Gillan posee.
“Splat!” no es un canto a la nostalgia, es una afirmación de vida en primera persona. “Splat!” es un disco que se desliza entre mis sentidos y se instala en ellos para estimularlos. Canciones que necesito volver a escuchar cuando el disco llega a su fin. Por supuesto he elegido ya mi canción favorita del disco, “The only horse in town” una autentica maravilla, no la única ni mucho menos pero si la que me ha agarrado de la mano desde la primera escucha. Ya lo cantaba Rosendo, prometo estarte agradecido, y aunque Deep Purple no sean mi artista preferido, si que forman parte indisociable de mi vida y mis recuerdos. Con “Splat!” referir tan sólo qué los disfruto sería quedarse corto.


Comentarios