Crónica del Arrock Progresivo 2 - Sala Milwaukee, El Puerto de Santa María 29/08/26


Los músicos son la parte más importante a la vez que indispensable de la ecuación que compone esa “experiencia religiosa” que es para aquellos que sienten la música como una pasión, cuando esta suena en directo, con el difícil cometido no solo de poseer la habilidad de componer canciones capaces de plasmar su talento sino además de encontrar esa complicidad necesaria con la que convertir los acordes en complicidad, servir de transmisor de emociones que abran las puertas de la percepción en el público y provoque un correspondido efecto de vuelta, ese preciso instante donde de manera espontánea nace la magia. Y por eso la presencia de la gente bajo el escenario es tan necesaria para evitar que lo que surge de este caiga en el abismo del vacío. Catorce años han pasado desde la primera edición del Arrock Progresivo, el regreso a España de los japoneses Baraka sirvió como excusa a Daniel Escortell (DMBK, Glazz, Masa) para volver a ponerlo en escena y la respuesta del público fue apabullante puesto que se colgaba el cartel de Sold Out en una Sala Milwaukee que presentaba un ambiente envidiable.

Puntuales  a las 20.30 horas subían al escenario Súcube, con la sala presentando ya un aspecto estupendo y cola en la entrada lo que anticipaba una de esas noches para el recuerdo. La banda, cómoda sobre el escenario, comenzaba su breve pero intensa descarga donde se citan elementos alternativos dentro de las estructuras del Metal Progresivo actual en el que Súcube se hacen su sitio. Conocedores de sus puntos fuertes, juegan con la intensidad de unas canciones en las que construyen y ejecutan perfectamente los tiempos para ir creando un in crescendo que consigue una magnífica respuesta en la gente que se agolpaba frente al escenario. Comandados por la voz de Mayte Sánchez Caro, aprovecharon para presentar un nuevo tema que debería formar parte de su -esperemos que pronto- primer disco y que tuvo muy buena acogida por parte de la gente. Súcube se despidieron con su tema insignia, “Resistir” tras unos 35 minutos sobre el escenario del Arrock Progresivo, confirmando su avance para quienes ya les conocían y despertando la curiosidad de aquellos que se enfrentaban por primera vez a la música de Súcube.

Glazz son otro rollo, lo han sido siempre. Lo suyo siempre ha escapado de estructuras preconcebidas en lo musical y fuera de ellas. Actuando como anfitriones, dividieron su actuación en tres pases de aproximadamente 30 minutos en el escenario Antonio Smash, situado en el patio de la Sala Milwaukee mientras se llevaban a cambio los preparativos necesarios entre grupo y grupo en el otro escenario. En formato cuarteto, Glazz se enfrentaban en su regreso a un público que en todo momento los recibió como héroes locales consiguiendo que reinara la sensación de que nunca se habían ido. Glazz ofrecen un intrincado viaje del Jazz al Rock -y viceversa- que hacen parecer sencillo cuando comienzan a tomar el mando sus instrumentos musicales. En un patio donde no cabía un alma, pudimos disfrutar de la destreza de unos músicos capaces de convertir los acordes de sus canciones en una catarsis de buenas vibraciones que enganchan desde el primer instante en que te rindes a su talento. Glazz se dio un más que justo baño de masas y aún siendo consciente de las dificultades que acarrean los distintos proyectos profesionales de cada uno de sus miembros, esperemos que esta vuelta tenga la continuidad necesaria.

No voy a negar que tenia muchísimas ganas de enfrentarme al directo de Mientras las abejas duermen. El disco de los de Ubrique ha conseguido obsesionarme, un viaje sonoro como loa a la ceremonia de la distorsión, donde las atmósferas del HeavyPsych y el Krautrock se complementan con la rocosidad del Stoner y el Hard Rock de riffs monolíticos. Desde el primer instante en que los altavoces de la sala estallan con el ímpetu de su música comprendes que estás ante uno de esos grupos que poseen ese “algo” especial que tantos buscan y pocos encuentran. Aguerridos, poderosos, sus canciones en directo muestran más músculo que en disco, logrando envolver a la sala en un rito colectivo que reacciona instintivamente ante el empuje del power trío que se muestra sobre el escenario imbatible, con un batería que construye un impecable muro sobre el que cohesionar el sonido de MLAD, un bajo que actúa como guía en el sendero acaparando el protagonismo necesario para construir el ambiente sobre el que erigir su música -y cuya incursión entre el público creó uno de los momentos mágicos de la noche en una excitante exaltación de camaradería e implicación correspondida- y una guitarra que a base de distorsiones y riffs glorifica el dogma de la electricidad desaforada del Rock árido y potente como consortes a las líneas vocales. Para este humilde acólito de los sonidos eléctricos, Mientras las abejas duermen fueron los grandes triunfadores de la noche.

Los japoneses Baraka eran el plato fuerte de la noche y se notaba en un ambiente caldeado tras la actuación de MLAD y el segundo pase en el patio de Glazz. Mientras el trío de Tokio terminaba de perfilar los últimos detalles de sus instrumentos, el público ya se acumulaba impaciente frente a ellos. Presentados por Daniel Escortell, Baraka comenzaban con una potencia inusitada, una fuerza en sus canciones elevada respecto a su versión en el estudio de grabación que junto a la demostración de técnica de la que hacen gala y ese punto de atracción que sus canciones poseen consiguieron meterse en el bolsillo desde el primer instante a un público predispuesto a rendirse ante el talento de los japoneses. Mientras la música de Baraka suena, te invita a no perder ni un solo detalle ni de la aparente sobriedad de su batería, de los ágiles dedos de sus guitarrista sobre el mástil ni del impecable contrapunto que supone el bajo de Shin que se mostró en todo momento muy participativo en la interacción con los asistentes, lo que complementa aún más el disfrute de la travesía instrumental que Baraka proponen, un triunfo sin paliativos que se tradujo en la insistencia tras la descarga del numeroso público que se acercó a ellos para saludarlos y fotografiarse con el trío japonés a los que estos respondieron en todo momento con enormes y sinceros gestos de gratitud y una sonrisa.

Ya con la madrugada instalada, llegó el turno de que Magnetismo Sonoro Excéntrico, con su irreverente sonido pusiese punto final a una fabulosa jornada de música y reencuentros, de grandes canciones y músicos fantásticos para despedir el mes de agosto. Solo queda anhelar que Escortell no nos haga esperar otros catorce años para una nueva edición del Arrock Progresivo, la asistencia y ambiente vivido en la portuense Sala Milwaukee envió un mensaje inequívoco.


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