Una de las cosas que ha maravillado siempre de la música es su capacidad para provocar sensaciones enfrentadas en distintas personas. A veces por la cuestión que sea, aunque una banda aglutine a su alrededor la atención mayoritaria, no se dan las circunstancias para que su música conecte con tu universo personal. Ese fue mi caso concreto con Lamb of God hasta que una de sus canciones de manera casual se cruzó en mi camino, “Redneck”, haciendo saltar la chispa necesaria. A partir de ahí todo confluyó con absoluta naturalidad. Lamb of God sobresalía, o mejor dicho se diferenciaba de otras bandas que cohabitaban el espectro del Metal Moderno es sin duda su afección y acepción de los parámetros más extremos del Metal como principal mandamiento. Tras unos discos que por mérito propio los aupaba a la primera división del Metal de alto octanaje, llegaba un pequeño bajón que ahora pretender remontar con “Into oblivion”.
Y si, remontan el vuelo a base de directos al mentón, agresividad arraigada en cada nota incluso cuando ofrecen cual espejismo un instante de calma que precede a una nueva avalancha sónica. Y probablemente la clave esté tanto en la batería de Art Cruz y la visceral interpretación vocal de Randy Blythe que desprende una energía desbocada durante toda la grabación, que es capaz de abrazar ecos melódicos e introspectivos en “El vacío” para de nuevo desgarrar la estrofa en el momento justo en que la canción se endurece. “Into oblivion” es un viaje árido y espectral por las afiladas aristas de una roca cortante en forma de riff de guitarra.
Pero “Into oblivion” no es una infernal cabalgada a piñón fijo, sino que se recrea en la diversidad con la que construyen capa a capa su sonido reverenciando unas ideas y una manera particular de comprender que el Metal necesita de la fuerza bruta como marcador identitario y que hay que tener la capacidad latente y necesaria para no dejarse llevar por el caos más absoluto ni tratar de manejarlo de manera tan permeable que termine diluyéndose, sino moldearlo para que sea capaz de convertirse en la base inherente a cualquier vuelta que traten de dar a su sonido en busca de su propio camino y personalidad. “Into Oblivion” es el puñetazo en la mesa que todos anhelábamos de Lamb of God.

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