“El reloj de la suerte marca la profecía…” cantaban Alarma, y en el mundo de la música en general y el Metalen particular, a veces nila fortuna aparece. Primer viernes de octubre y ante un verano que parece haber atravesado las fronteras estivales que delimitan su influjo, Nidhögg se presentaban en la Sala Milwaukee para cerrar un ciclo, para finalizar diez años de canciones e historias cantadas. Nidhögg saltaban al escenario sin su vocalista por lo que la labor vocal recaía en esta ocasión sobre Alejandro (Tato), bajista de la banda que corría con la responsabilidad de afrontar este último asalto en su garganta. Con la gente aún entrando en la sala, la música cobraba protagonismo y la ceremonia de la disolución daba comienzo como ineludible rito de paso para los miembros de la banda y seguramente también para un buen puñado de fans que se agolpaban en primera fila uniéndose a esta cita del adiós.
Tras un primer contacto en el que suenan canciones como “Guardianes de mis sombras” y “El mito de la taberna” llega la primera sorpresa de la noche. Se une a la banda sobre el escenario Narci Lara con el que la Sala Milwaukee se funde en una potentísima versión de “Las minas de Moria” de Saurom que Nidhögg incluyesen en aquel disco tributo por el XXV aniversario de los Juglares del Metal. Seguía el concierto mostrando la consiguiente complicidad con las primeras filas mientras sonaban más canciones como “Sueños” , “Como la luna y el sol” o la celebrada “Amor, he vuelto por ti” con las que Nidhögg se iban reponiendo de las dificultades propias de las ausencias y batallando con un sonido que no terminaba de encajar, sumándole encima que en otra parte de la sala, incomprensiblemente se celebraba una fiesta de Harley Davidson con DJ (algún día habrá que abrir el melón de la supuesta simbiosis motos y rock más allá de la estética) que se “colaba” entre canción y canción de Nidhögg.
Los siguientes invitados eran Glory y Adri de Guadaña que se unían a Daniel, Tato, Peri y Juanra sobre el escenario para interpretar una intensa “Alma de acero” en la que pudimos deleitarnos con las habilidades técnicas de la reciente incorporación de Guadaña a las seis cuerdas. Mientras el concierto -y la despedida- iba tomando ya su recta final, repasaron canciones como “Reconquista” o “Al-Andalus” y pudimos disfrutar de Polly, guitarrista de los malagueños Garvm que también quiso unirse a este último concierto de Nidhögg, un último show de sabor agridulce como no puede ser de otra manera en toda despedida, y en el que a pesar de que el sonido no acompañó y las lógicas limitaciones de la ausencia del vocalista, Nidhögg fueron capaces de sacar adelante con buen hacer y grandes dosis de coraje y corazón.


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